martes, 28 de agosto de 2007

Recomendaciones


Kruckeberg, Walter,
Mitos y Leyendas de los Aztecas, Incas, Mayas y Muiscas

Fondo de Cultura Económica, México 2002.


Un increíble libro para aprender más sobre el origen, la cosmogonía y héroes de los pueblos prehispánicos. Walter Kruckeberg hizo una exquisita recopilación de relatos, en sus versiones originales, de los pueblos más importantes de la América Precolombina. Un libro excelente, sin embargo el lector debe entender la distancia de nuestra narrativa, con la narrativa de estos pueblos, ya que en ciertos momentos, puede resultar extraña a los ojos de cualquier lector occidental.




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Fondo de Cultura Económica (http://www.libreriasdelfondo.com/LF_Detalle.asp?ctit=006053E&secc=)

domingo, 26 de agosto de 2007

Recomendaciones

Miguel León-Portilla,
Quince Poetas del mundo náhuatl

Editorial Diana, México, 1999.



Por mucho tiempo se pensó que los creadores del mundo prehispánico habían desaparecido sin dejar rastro. Gracias a un profundo estudio de los códices y relaciones indígenas, sabemos hoy, que los "cantos" tenían un autor determinado. Este libro es un excelente medio para conocer la lírica de los tiempos prehispánicos. León-Portilla hace una excelente recopilación de poetas prehispánicos, analizando la temática de un mundo ya desaparecido.




¿Dónde lo encuentro?

Gandhi (http://www.gandhi.com.mx/Gandhi/Libros/productDetail.cfm?prodId=644)


sábado, 25 de agosto de 2007

Dos dioses se convierten en el sol y la luna




Decían que antes que hubiese día en el mundo se juntaron los dioses en aquel lugar que se llama Teotihuacan. Dijeron los unos a los otros dioses: "¿Quién tendrá cargo de alumbrar al mundo?". Luego a estas palabras respondió el dios que se llamaba Tecuciztécatl (el de la tierra de la concha marina), y dijo: "Yo tomo cargo de alumbrar al mundo". Luego otra vez hablaron los dioses, y dijeron: "¿Quién será otro?". Luego se miraron los a los otros, y conferían quién sería el otro, y ninguno de ellos osaba ofrecerse a aquel oficio; todos temían y se excusaban. Uno de los dioses de que no se hacía cuenta y era buboso, no hablaba sino oía lo que los otros dioses decían, y los otros le hablaron y le dijeron: "Se tú el que alumbres, bubosito". Y él de buena voluntad obedeció a lo que le mandaron y respondió: "En merced recibo lo que me habéis mandado, sea así".





Luego los dos comenzaron a hacer penitencia durante cuatro días. Después encendieron fuego en el hogar, el cual era hecho en una peña, que ahora llaman Teotexcalli. Todo lo que ofrecía el dios Tecuciztécatl era precioso. En lugar de ramos ofrecía plumas ricas de quetzal, y en lugar de pelota de heno ofrecía pelotas de oro, en lugar de espinas de maguey ofrecía espinas hechas de piedras preciosas, en lugar de espinas ensangrentadas ofrecía espinas hechas de coral colorado; y el copal que ofrecía era muy bueno. El buboso, que se llamaba Nanahuatzin, en lugar de ramos ofrecía cañas verdes atadas tres en tres todas ellas llegaban a nueve; ofrecía bolas de heno y espinas de maguey, y las ensangrentaba con su misma sangre; y en lugar de copal ofrecía las postillas de las bubas. A cada uno de éstos se les edificó una pirámide, como monte; en los mismos montes hicieron penitencia durante cuatro noches.

Después que acabaron las cuatro noches de su penitencia, echaron por allí los ramos y todo lo demás con que hicieron penitencia. Esto se hizo al fin, o al remate de su penitencia, cuando la noche siguiente a la media noche habían de comenzar a hacer sus oficios; un poco antes de la media noche le dieron sus aderezos al que se llamaba Tecuciztécatl, le dieron un plumaje llamado Aztacómitl, y una chaqueta de lienzo; y al buboso que se llamaba Nanahuatzin le tocaron la cabeza con papel, que se llama amatzontli, y le pusieron una estola de papel y un maxtli (taparrabo) de papel. Llegada la media noche, todos los dioses se pusieron en rededor del hogar que se llama teotexcalli: En este lugar el fuego ya ardía cuatro días. Ordenándose los dichos dioses en dos filas, unos de una parte del fuego y otros de la otra; y luego hablaron y dijeron a Tecuciztécatl; "¡Ea pues, Tecuciztécatl entra tú en el fuego!" Él luego acometió para echarse en el fuego; y como el fuego era grande y estaba muy encendido, cuando sintió el gran calor del fuego tuvo miedo, y no osó echarse en el fuego y se volvió atrás. Otra vez tornó para echarse en el fuego haciéndose fuerza, y llegando se detuvo, no osando echarse en el fuego. Cuatro veces probó, pero nunca se osó echar. Estaba puesto mandamiento que no probase más de cuatro veces. Después de haber probado cuatro veces los dioses hablaron a Nanahuatzin y le dijeron: "¡Ea pues, Nanahuatzin, prueba tú!" Y como le hubieran hablado los dioses, se esforzó y cerrando los ojos arremetió y se echó en el fuego. Luego comenzó a rechinar y rependar en el fuego, como quien se asa. Como vio Tecuciztécatl que se había echado en el fuego y ardía, arremetió y se echó en el fuego, y dizque luego un águila entró en el fuego y también se quemó, y por eso tiene las plumas hoscas y negruzcas; a la postre entró un tigre, y no se quemó , sino se chamuscó por eso quedó manchado de negro y blanco. De este lugar se tomó la costumbre de llamar a los hombres diestros en la guerra "águila-tigre", y dicen que primero águila, porque esta entró primero en el fuego, y se dice a la postre tigre, porque éste entró en el fuego después del águila...

Después que ambos dioses se hubieron quemado, los otros se sentaron a esperar de qué parte vendría a salir Nanahuatzin. Después que estuvieron gran rato esperando, se comenzó a poner colorado el cielo y en todas partes apareció la luz del alba. Dicen que después de esto los dioses se hincaron de rodillas para esperar adonde saldría Nanahuatzin hecho sol. Miraron a todas partes volviéndose en rededor, mas nunca acertaron a pensar, ni decir a qué parte saldría; en ninguna cosa se determinaron. Algunos pensaron que saldría en la parte norte y se pararon para mirar hacia él; otros hacia el medio día, a todas partes sospecharon que había de salir, porque en todas partes había resplandor del alba. Otros se pusieron a mirar hacia el oriente y dijeron "Aquí, de esta parte ha de salir el sol". El dicho de estos fue verdadero. Dicen que los que miraron hacia el oriente fueron Quetzalcóatl, que también se llama [Xipe] Tótec, y por otro nombre "Señor de la tierra costera" o "Tezcatlipoca rojo"; y otros se llaman "Serpientes de nubes", que son innumerables; y cuatro mujeres, de las cuales una se llamaba la hermana mayor, otra la que le sigue en edad, otra la de en medio y otra la menor [de Tlazoltéotl].

Cuando vino a salir el sol, pareció muy colorado y como si se contoneara de una parte a otra; nadie lo podía mirar, porque quitaba la vista de los ojos, ya que resplandecía mucho y echaba rayos muy fuertes, que se derramaban por todas partes. Después salió la luna en la misma parte del oriente, a la par del sol. Primero salió el sol y tras él la luna; por el mismo orden que entraron salieron sol y luna. Y dicen los que cuentan fábula o hablillas, que tenían igual luz con que alumbraban. Cuando vieron los dioses que resplandecían igualmente, se hablaron otra vez y dijeron: "¡Oh dioses! ¿Cómo será esto ¿Será bien que vayan ambos a la par? ¿Será bien que igualmente alumbren?". Entonces los dioses dieron sentencia, y dijeron: "Sea de esta manera, hágase de esta manera". Y luego uno de ellos fue corriendo y dio con un conejo en la cara de Tecuciztécatl, y le obscureció la cara y le ofuscó el resplandor, y su cara quedó como está ahora.

Después que hubieron salido ambos sobre la tierra estuvieron quedos, sin moverse de un lugar el sol y la luna. Los dioses otra vez se hablaron, y dijeron: "¿Cómo podemos vivir? no se mueve el sol. ¿Hemos de vivir entre los villanos? Muramos todos y hagamos que resucite el sol por nuestra muerte". Luego el [dios del] aire se encargó de matar a todos los dioses. Mientras los mató, uno llamado Xólotl rehusaba la muerte, y dijo a los dioses: "¡Oh dioses! ¡Dejadme con vida!" y lloraba en gran manera, de suerte que se le hincharon los ojos de llorar; y cuando llego a él el que mataba, echó a huir y se escondió entre los maizales, convirtiéndose en una planta de maíz con dos cañas, que los labradores llaman xólotl; pero fue visto y hallado entre las plantas de maíz. Otra vez se echó a huir, y se escondió entre los magueyes, convirtiéndose en maguey que tiene dos cuerpos que se llama mexólotl. Otra vez fue visto, y echó a huir metiéndose en el agua y haciéndose pez que por ello llaman axólotl. Por fin allí lo tomaron y lo mataron.

Dicen que aunque fueron muertos los dioses, no por eso se movió el sol. Luego el viento comenzó a soplar y ventear reciamente, y él le hizo moverse para que anduviese su camino. Después que el sol comenzó a caminar la luna se estuvo queda en el lugar donde estaba. Solamente después del sol comenzó la luna a andar. De esta manera se desviaron el uno del otro y así salen en diversos tiempos: el sol está durante el día, y la luna actúa en la noche, o alumbra en la noche.

viernes, 24 de agosto de 2007

La creación del mundo - Aztecas



Los diferentes soles

Según sabían los viejos, la tierra y el cielo se estancaron en el año 1 tochtli (uno-conejo). También sabían que cuando esto sucedió habían vivido cuatro clases de gentes, es decir, que habían sido cuatro las vidas. Así sabían también que cada una fue un sol. Decían que su dios los hizo y los crió de ceniza y atribuían a Quetzalcóatl, signo 2 ehécatl (viento), el haberlos hecho y criado.

El primer sol que hubo al principio, bajo el signo 4 atl (cuatro-agua), se llama Atonatiuh (sol de agua). En este sucedió que todo se lo llevó el agua; todo desapareció; y las gentes se volvieron peces.

El segundo sol que hubo, estaba bajo el signo de 4 ocelotl (cuatro-tigre) y se llama ocelotonatiuh (sol de tigre). En él sucedió que se hundió el cielo; entonces el sol no caminaba de donde es medio día y luego se oscurecía; y cuando se oscureció, las gentes eran comidas. En este sol vivían gigantes: dejaron dicho los viajeros que su saludo era “no caiga usted”, porque el que se caía, se caía para siempre.

El tercer sol que hubo, bajo el signo de 4 quiauhuitl (cuatro-lluvia) se dice Quiauhtonatiuh (sol de lluvia). En él sucedió que llovió fuego sobre los moradores, que por eso ardieron. Y dicen que en él llovieron piedrezuelas y que entonces se esparcieron las piedras que vemos; que hirió el tezontle; y que entonces se enroscaron los peñascos que están enrojecidos.

El cuarto sol, bajo el signo 4 ehécatl (cuatro-viento) es Ehecatonatiuh (sol de viento). En éste todo se lo llevó el viento. Todos los hombres se volvieron monos y fueron esparcidos por los bosques

El quinto sol, bajo el signo de 4 ollin (cuatro-movimiento), se dice Olintonatiuh (sol de movimiento), porque se movió, caminando. Según dejaron dicho los viejos, en este habrá terremotos y hambre general, con que hemos de perecer.

jueves, 23 de agosto de 2007

Mitos y Leyendas Prehispánicas

En esta parte transcribiré algunos de los mitos más importantes de la tradición precolombina, todos en versiones originales, provenientes de distintos pueblos de nuestra América Latina.




Los mitos prehispánicos de la creación, nos abren una increible oportunidad para asomarnos en las creencias y costumbres de los pueblos nativos americanos. Estos sistemas cosmógonicos tenían como único fin la explicación del mundo que les rodeaba, de entender su creación, su desarrollo y también su destrucción. Estos describen despertar del mundo, las leyendas de dioses y héroes que andaron por el mundo mucho antes de la aparición de los hombre comunes y corrientes.

Estos textos nos transportan a un mundo desaparecido hace ya tiempo, un mundo que en un momento determinado fue tan vasto e insondable, que solo pudo ser comprendido y explorado por la imaginación del hombre. Espero que sean de su completo agrado.


Víctor J. Martínez

martes, 21 de agosto de 2007

Poeta del mundo Náhuatl - Tlaltecatzin



Tlaltecatzin de Cuahuchinanco (s.XIV)

Es muy poco lo que se conoce sobre este poeta, prácticamente todo lo que tenemos nos ha llegado por referencias del historiador Ixtlixóchitl ("Venían siempre a la corte de Tezcoco a hallarse para cualquier ocasión y tratar de su buen gobierno")

Tlaltecatzin fue gobernador de Cuahuchinanco, señorío que formaba parte de los dominios Chichimecas de Tezcoco, lo que vincula a nuestro poeta con esta gente. Fue contemporáneo de Techotlala, gobernante tezcocano, esto nos ha ayudado a localizar a nuestro poeta entre los años 1357 y 1409 de nuestra era. También es coetáneo de Tezozomoc de Atzcapotzalco y Acamapichtli, primer tlatoani de México-Tenochtitlan.

Importancia del Señorío de Tezcoco

Para este momento, segunda mitad del siglo XIV, Tezcoco se iniciaba como un importante centro de cultura e intercambio de ideas. Sabios provenientes de la Mixteca trajeron la antigua sabiduría de los códices, la astrología y las artes de los antiguos toltecas. Fue precisamente durante la época de nuestro poeta, que se consumó el proceso cultural de Texcoco; Se instauró el culto a Quetzalcoatl y el habla común de la lengua náhuatl.

Tlaltecatzin fue influido por este ambiente de florecimiento cultural y renacimiento de las artes toltecas, también fue seducido por los poetas que frecuentaban la corte de Techotlala, y con el paso del tiempo fue reconocido como un gran forjador de cantares.



El poema de Tlaltecaltzin
(Tlaltecatzin icuic)

En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:

¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.
¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

Aquí tu has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.
Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí está erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.
Cada uno está aquí,
sobre la tierra,
vosotros señores, mis príncipes,
si mi corazón los gustara,
se embriagaría.

Yo sólo me aflijo,
digo:
que no vaya yo
al lugar de los descarnados.
Mi vida es cosa preciosa.
Yo sólo soy,
yo soy un cantor,
de oro son las flores que tengo.
Ya tengo que abandonarla,
sólo contemplo mi casa
en hilera se quedan las flores.
¿Tal vez grandes jades,
extendidos plumajes
son acaso mi precio?
Sólo tendré que marcharme,
alguna vez será,
yo sólo me voy,
iré a perderme.
A mí mismo me abandono,
¡Ah, mi Dios!
Digo: váyame yo,
como los muertos sea envuelto,
yo cantor,
sea así.
¿Podría alguien acaso adueñarse de mi corazón?
Yo solo así habré de irme,
con flores cubierto mi corazón.
Se destruirán los plumajes de quetzal,
los jades preciosos
que fueron labrados con arte.
¡En ninguna parte está su modelo
sobre la tierra!
Que sea así,
y que sea sin violencia.



Aunque puede encontrarse algo de alegría en el canto de Tlaltecatzin, también hay una buena cantidad de referencias sobre el destino de los hombres y la fatalidad de la vida. Es común encontrar estas similitudes con otros poetas prehispánicos, que parecen tener gran conciencia sobre lo efímero de los objetos materiales y también sobre el destino fatal del hombre.


Para Saber Más...

León-Portilla, Miguel, Quince Poetas del Mundo Náhuatl. Editorial Diana, México