martes, 21 de agosto de 2007

Poeta del mundo Náhuatl - Tlaltecatzin



Tlaltecatzin de Cuahuchinanco (s.XIV)

Es muy poco lo que se conoce sobre este poeta, prácticamente todo lo que tenemos nos ha llegado por referencias del historiador Ixtlixóchitl ("Venían siempre a la corte de Tezcoco a hallarse para cualquier ocasión y tratar de su buen gobierno")

Tlaltecatzin fue gobernador de Cuahuchinanco, señorío que formaba parte de los dominios Chichimecas de Tezcoco, lo que vincula a nuestro poeta con esta gente. Fue contemporáneo de Techotlala, gobernante tezcocano, esto nos ha ayudado a localizar a nuestro poeta entre los años 1357 y 1409 de nuestra era. También es coetáneo de Tezozomoc de Atzcapotzalco y Acamapichtli, primer tlatoani de México-Tenochtitlan.

Importancia del Señorío de Tezcoco

Para este momento, segunda mitad del siglo XIV, Tezcoco se iniciaba como un importante centro de cultura e intercambio de ideas. Sabios provenientes de la Mixteca trajeron la antigua sabiduría de los códices, la astrología y las artes de los antiguos toltecas. Fue precisamente durante la época de nuestro poeta, que se consumó el proceso cultural de Texcoco; Se instauró el culto a Quetzalcoatl y el habla común de la lengua náhuatl.

Tlaltecatzin fue influido por este ambiente de florecimiento cultural y renacimiento de las artes toltecas, también fue seducido por los poetas que frecuentaban la corte de Techotlala, y con el paso del tiempo fue reconocido como un gran forjador de cantares.



El poema de Tlaltecaltzin
(Tlaltecatzin icuic)

En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:

¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.
¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

Aquí tu has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.
Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí está erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.
Cada uno está aquí,
sobre la tierra,
vosotros señores, mis príncipes,
si mi corazón los gustara,
se embriagaría.

Yo sólo me aflijo,
digo:
que no vaya yo
al lugar de los descarnados.
Mi vida es cosa preciosa.
Yo sólo soy,
yo soy un cantor,
de oro son las flores que tengo.
Ya tengo que abandonarla,
sólo contemplo mi casa
en hilera se quedan las flores.
¿Tal vez grandes jades,
extendidos plumajes
son acaso mi precio?
Sólo tendré que marcharme,
alguna vez será,
yo sólo me voy,
iré a perderme.
A mí mismo me abandono,
¡Ah, mi Dios!
Digo: váyame yo,
como los muertos sea envuelto,
yo cantor,
sea así.
¿Podría alguien acaso adueñarse de mi corazón?
Yo solo así habré de irme,
con flores cubierto mi corazón.
Se destruirán los plumajes de quetzal,
los jades preciosos
que fueron labrados con arte.
¡En ninguna parte está su modelo
sobre la tierra!
Que sea así,
y que sea sin violencia.



Aunque puede encontrarse algo de alegría en el canto de Tlaltecatzin, también hay una buena cantidad de referencias sobre el destino de los hombres y la fatalidad de la vida. Es común encontrar estas similitudes con otros poetas prehispánicos, que parecen tener gran conciencia sobre lo efímero de los objetos materiales y también sobre el destino fatal del hombre.


Para Saber Más...

León-Portilla, Miguel, Quince Poetas del Mundo Náhuatl. Editorial Diana, México

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