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jueves, 25 de septiembre de 2008

Orfeo y Eurídice



Por allí, por el inmenso cielo se aleja Himeneo, cubierto
por un manto azafranado, se dirige hacia la orilla del Cícones
y en vano es llamado por la voz de Orfeo.
Aquél estuvo, sin duda, presente, pero no llevó ni palabras
solemnes ni rostros alegres ni un augurio favorable.
Incluso la antorcha que sostenía centelleó sin parar con humo
lacrimógeno sin encontrar ningún fuego en sus movimientos.
El desenlace fue peor que el presagio. Pues cuando paseaba
la novia por un prado acompañanada por un grupo de Náyades,
murió al sufrir en un tobillo la mordedura de una serpiente.
Después de llorarla mucho el poeta rodopeó hasta las brisas
etéreas y para no dejar de tantear incluso a las sombras,
osó descender hasta el Estige por la puerta del Ténaro;
por entre gente ingrávida y fantasmas que habían recibido
sepultura llegó ante Perséfone y el soberano que domina
los desagradables reinos de las sombras y, tras pulsar las cuerdas
al ritmo de su canto dijo así: "¡Divinidades del mundo
situado bajo tierra, al que caemos todo lo que nace mortal,
si es lícito y permitís decir la verdad sin los ambages
de una boca falsa, no he descendido aquí para ver
el tenebroso Tártaro ni para encadenar las tres gargantas,
erizadas de culebras de culebras del monstruoso meduseo;
el motivo de mi viaje es mi esposa, sobre la que una víbora
al pisarla derramó su veneno y le robó sus prometedores años.
Quise poder soportárlo y no diré que no lo he intentado:
venció al Amor. Este dios es bien conocido en la región de arriba;
si lo es también aquí, lo dudo, pero sospecho que también aquí
lo es y, si el rumor de un antiguo rapto no ha mentido, a vosotros
os unió también Amor. ¡Yo, por estos lugares llenos de miedo,
por este Caos enorme y el silencio de este vasto reino,
os suplico, volved a tejer el destino adelantado de Eurídice!
Todos os somos debidos y, demorándonos algo, antes o después
nos dirigimos deprisa a una única sede.

Aquí nos encaminamos todos, ésta es la última morada
y vosotros habitáis los reinos más extensos del género humano.
También ésta, cuando cumpla oportunamente los años
que le corresponden, será de vuestro dominio: como regalo pido
se disfrute. Pero, si los hados niegan la venia a mi esposa,
he decidido no regresar: alegraos con la muerte de los dos"
Mientras así decía y movía las cuerdas al son de sus palabras,
lo lloraban las almas sin vida: Tántalo no intentó coger
el agua huidiza, quedó parada la rueda de Ixíon,
las aves no arrancaron el hígado, quedaron libres de urnas
las Bélidas, y tú, Sísifo, te sentaste en tu propia roca.
Entonces por primera vez, se dice, las mejillas de las Euménides,
vencidas por el canto, se humedecieron de lágrimas; ni la regia
esposa ni quien rige lo más profundo, se atreven a decir que no
a quien suplica y llaman a Eurídice. Estaba ella entre las sombras
recientes y avanzó con paso lento a causa de la herida.
El rodopeo de Orfeo la recibió junto con la condición
de no volver hacia atrás sus ojos hasta haber salido
de los valles del Averno o el regalo quedaría sin efecto.



Toman una senda en pendiente a través de mudos silencios,
abrupta, oscura, llena de densa niebla.
Y no llegaron lejos del límite de la parte más alta de la tierra:
allí, temiendo que desfalleciera y ansioso por verla,
volvió el enamorado los ojos, y al punto aquella cayó de nuevo y,
extendiendo los brazos y luchando por ser alcanzada y alcanzar,
la desgraciada no coge nada sino las brizas que se escapan.
Y, al morir ya de nuevo, no se quejó para nada
de su esposo (pues ¿de qué se podría quejar sino de ser amada?)
dio el último "adiós" que ya apenas aquél recibió
en sus oídos y de nuevo volvió al mismo lugar.
Orfeo con la doble muerte de su esposa quedó estupefacto
igual que quien temeroso ha visto los tres cuellos del perro,
llevando el del medio las cadenas; a este hombre no le abandonó
el terror antes que su naturaleza anterior, al convertirse en roca
su cuerpo, como Óleno, quien se arrastró a sí mismo el crimen
y quiso pasar por culpable, o como tú, confinada en tu belleza,
desgraciada Letea, corazones muy unidos en otro tiempo,
ahora piedras, que sostiene el húmedo Ida.

El barquero había rechazado a Orfeo que suplicaba queriendo
en vano pasar de nuevo; con todo, estuvo sentado siete días
en la orilla, desaliñado, y sin el don de Ceres:
la pena, el dolor de su alma y las lágrimas fueron su alimento.
Tras quejarse de la crueldad de los dioses del Érebo, se retiró
al elevado Ródope y al Hemo, azotado por los Aquilones.

Titán había acabado por tercera vez el año que cierran
los acuáticos Peces, y Orfeo había evitado toda relación
femenina, o porque le había ido mal o porque había dado
su palabra; sin embargo, a muchas las dominaba el deseo
de unirse al poeta: muchas se dolieron de verse rechazadas.
Aquél también fue quien indujo a la gente de Tracia
a trasladar el amor a tiernos varones y antes de la juventud
coger la breve primavera de su edad y las primeras flores.

Del libro:
Ovidio. La Metamorfósis, Editorial Alianza, 2005, Madrid, España


miércoles, 17 de septiembre de 2008

La mitología griega



Ciertas civilizaciones han construido su mitología básicamente sobre alguno de estos componentes, como la romana, cuyos mitos genuinos son casi exclusivamente leyenda, aunque sus carencias fueron subsanadas posteriormente por la adopción en bloque de toda la mitología griega. Ésta, por el contrario, es una prodigiosa creación de la fantasía en la que se entremezclan, de manera indiferenciable en muchos casos, los tres componentes. Añádase que los personajes míticos han sufrido, con el paso del tiempo, asensos o degradaciones, cuando no fusiones (...).
Y también que la ausencia de centralización política provocó una barahúnda de tradiciones locales, buscando un modo de perpetuarse, se incorporaron como pudieron al mito. Por todo ello, la mitología griega es enormemente compleja. Además, es difícil entender ciertas de sus características si no hacemos un estudio de las relaciones del mito con otros aspectos de la cultura en la que se desenvolvió.

Del libro:

Apolodoro. Biblioteca Mitológica. Traducción de Julián García Moreno. Editorial Alianza, 2004.



martes, 16 de septiembre de 2008

El más grande de los griegos


"Los griegos han conquistado el corazón de los hombres, mientras que los romanos no pudieron conquistar más que el mundo"



El problema de hablar sobre Homero como un autor, es lo complicado para encontrar a la figura histórica de entre todas las acepciones legendarias.

Para los helenos de la época clásica y helenística, era innegable que Homero existió. Para ellos este poeta ciego era el más grande autor jamás visto; sus dos poemas épicos, la Iliada y la Odisea, determinaron gran parte de la producción literaria clásica, latina y renacentista. Las escenas descritas por el poeta han sido inmortalizadas a través de todos los tiempos y por los más renombrados artistas, en cierto modo, Homero ha sido, y será, uno de los más reconocidos autores occidentales.

Sin embargo, la llamada "cuestión homérica", ha tenido a los grandes académicos discutiendo acaloradamente sobre la existencia del autor. En parte debido a que después de un exhaustivo estudio de sus grandes poemas, pueden encontrarse algunas contradicciones en diversos capítulos. Ha llegado a creerse que la Iliada y la Odisea son compendios de diferentes autores, con adiciones en etapas posteriores y que probablemente adquirió su forma final en la época clásica.

No obstantes los defensores de Homero, atribuyen estas variaciones a las adiciones hechas por autores posteriores y también a la tradición oral, método con el que Homero difundió sus creaciones.

Podríamos pasar nuestras vidas discutiendo sobre la existencia del gran poeta, sin embargo lo más importante es la aportación que la Iliada y la Odisea hicieron a la literatura universal, mostrando el gran potencial creador de su pueblo, el cual, siglos después, conquistaría al mundo con versos y no con la espada.

Víctor J. Martínez

sábado, 13 de septiembre de 2008

Materiales del Mito



"Mito" es una palabra griega que significa cualquier tipo de relato, historia o ficción; se aplica tanto a los símiles o alegorías de Platón como a las fábulas de Esopo. En las lenguas modernas, no obstante, el término se ha especializado técnicamente para designar las narraciones de hechos sucedidos en una época ideal, o en todo caso remota, cuyos protagonistas son considerados divinos o semidivinos.

Ahora bien, cualquier mito, tal como lo conocemos hoy, es el resultado de un proceso en el que se han integrado en proporción diversa y no siempre discernible tres componentes que, en su origen, eran independientes:

a) El mito propiamente dicho. Mito es, en este sentido estricto, el relato cuyos protagonistas son personajes divinos. Es difícil, como en los demás casos, presentar ejemplos en estado puro, pero en nuestra obra se puede ofrecer como tal el mito cosmogónico del comienzo, ya que es lógico que en el principio del mundo sólo intervengan los dioses. En su origen, este elemento debió ser una especulación acerca de la naturaleza de lo divino y, por lo tanto, tiene relación con la religión.

b) La leyenda heroica, también llamada saga en algunos manuales. Si se ha dicho antes que mito en general es la narración en que intervienen los personajes divinos o semidivinos y mito en sentido aquella cuyos protagonistas son los semidivinos y así es en efecto. Pero esta distinción no se hace por el mero placer de dividir o clasificar, sino porque existen diferencias significativas tanto de origen como de naturaleza.



La leyenda tiene su origen en hechos históricos realmente acaecidos; con el tiempo, no obstante, y debido a las particularidades de la trasmisión oral, estos hechos han sido desfigurados. Además de la incorporación de elementos procedentes del componente siguiente, la leyenda se ha contaminado del anterior, pues no sólo se hace intervenir activamente a los dioses en las hazañas de los humanos, sino que sin aquéllos éstos no existirían, pues son sus descendientes.

En efecto, el protagonista de la leyenda es el héroe -0 semidiós-, que, a efectos mitológicos, se define como el descendiente de una deidad. El héroe en primer grado es hijo de un dios y una mujer, o a la inversa, de un hombre y una diosa, pero también son héroes y sus descendientes, al menos en la Edad Heroica, cuyo final coincide a grosso modo con el del II milenio a.C.

Como ejemplo de leyenda en estado puro, lo que nos dará una idea de cómo eran estos relatos en su origen, se pueden aducir las peripecias de los Heráclidas, que no por casualidad son los últimos héroes, es decir, aquellos cuya historia ha tenido menos tiempo de cargarse de elementos inverosímiles. Aquí la intervención de los dioses se reduce a la que se les atribuye en época histórica: oráculos, envío de plagas, etc.

c) El cuento popular, que en algunos manuales de mitología se designa con la voz inglesa folk-tale o la alemana Märchen, debido a que fueron estudiosos de estas nacionalidades los que definieron el concepto. Es una ficción, como puede ser en nuestra cultura el cuento del sastrecillo valiente, o el de Simbad entre los árabes. En su origen no tienen nada que ver con la mitología, pero se incorpora a ésta cuando se heroíza o diviniza su protagonista o se atribuye su contenido a un héroe o dios previamente existente. Por ejemplo, es un motivo de cuento popular en varias culturas el de la esposa que espera al marido ausente asediada por los pretendientes y la llegada del marido en el momento justo, que se incorporó a la leyenda de Odiseo.

Del libro:

Apolodoro. Biblioteca Mitológica. Traducción de Julián García Moreno. Editorial Alianza, 2004.
pags. 8-10

domingo, 9 de septiembre de 2007

Los mitos griegos


Los mitos helénicos son increíbles, chispeantes y llenos de vida. Un sinfín de dioses se entrelazan en un interminable árbol de relaciones familiares, tan inconmensurable como las intrigas, traiciones e infidelidades que conforman las relaciones entre cada uno de ellos. Los mitos griegos han alimentado durante cientos de años, las mentes fértiles de pintores, escultores y dramaturgos, utilizaron tan grande fuente como inspiración para las sublimes obras que nos legaron. Grecia ha sido el gran abrevadero de las grandes mentes, todas encausaron este río de conocimientos, para ser la piedra angular del mundo occidental.