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miércoles, 17 de septiembre de 2008

El mito griego de la creación (1)


Fragmento de Teogonía (Hesiodo)

(...) En primer lugar existió, realmente, el Caos. Luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de todos los inmortales que ocupan la cima del nevado Olímpo; [En lo más profundo de la tierra, de amplios caminos, el sombrío Tártaro], y Eros, el más bello entre los dioses inmortales, desatador de miembros, que en los pechos de todos los dioses y de todos los hombres su mente y prudente decisión somete.

Del Caos nacieron Érebo y la Negra Noche. De la Noche, a su vez, surgieron Éter y Hémera, a los que engendró como fruto de sus amores con Érebo.

Gea primeramente dio a luz al estrellado Urano, semejante a ella misma, para que la protegiera por todas partes, con el fín de ser así asiento seguro para los felices dioses. También alumbró a las grandes Montañas, agradables moradas de las Ninfas, que habitan los abruptos montes. Asimismo trajo a la luz al estéril mar, de impetuosas olas, el Ponto, sin el desable amor.
Después acostándose con Urano, engendró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, coronada de Oro, y a la amable Tetis. Después de éstos nació el más joven, el astuto Crono, el más temible de los hijos, y se llenó de odio hacia su vigoroso padre.




Por otra parte, dio a luz a los Cíclopes de orgulloso pecho, a Brontes, a Estéropes y a Arges, de violento ánimo, que le regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos eran semejantes a los dioses en lo demás [pero tenían un solo ojo enmedio de su frente]. La denominación "Cíclope" se debía a que, efectivamente, en su frente había un solo ojo circular. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus obras.

También de Gea y Urano nacieron otros tres hijos enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciarse: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien brazos informes salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente poderosa se albergaba en su enorme cuerpo.

Pues bien, cuantos nacieron de Gea y Urano, los hijos más terribles, estaban irritados con su padre desde siempre. Y cada vez que alguno de ellos estaba a punto de nacer, Urano los retenía a todos ocultos en el seno de Gea sin dejarles salir a la luz y gozaba cínicamente con su malvada acción.

La monstruosa Gea, a punto de reventar, se quejaba en su interior y urdió una cruel artimaña. Produciendo al punto un tipo brillante de acero, forjó una enrome hoz y luego le explicó el plan a sus hijo. Armada de valor dijo aflijida en su corazón:

"¡Hijos míos y de soberbio padre! si queréis seguir mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones."

Así habló y lógicamente un temor los dominó a todos y ninguno de ellos se atrevió a hablar. Mas el poderoso Cronos, de mente retorcida, armado de valor, al punto respondió con estas palabras a su prudente madre
:


"Madre yo podría, lo prometo, realizar dicha empresa, ya que no siento piedad por nuestro abominable padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones"

Así habló. La monstruosa Gea se alegró mucho en su corazón y le apostó secretamente en emboscada. Puso en sus manos una hoz de agudos dientes y disimuló perfectamente la trampa.

Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se echó sobre la tierra ansioso de amor y se extendió por todas partes. El hijo saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás.

No en vano escaparon aquellos de su mano. Pues cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las poderosas Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en sus mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto a los genitales, desde el preciso instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso pnto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de lla nació una doncella.

Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se dirigió después a Chipre rodeada de corrientes. Salió del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados pies crecía la hierba en torno. Afrodita [...] la llaman los dioses y los hombres, porque nació en medio de la espuma...


El poeta agricultor

En contraste con Homero, del que poco se sabe, Hesiodo nos dejó un sinfín de pistas dentro de su obra, las cuales nos hablan de un hombre sencillo, dedicado por deber al cultivo de la tierra, pero hijo de la creación artística por designio de las musas.

Hesiodo tal vez nació en la Beocia, posiblemente entre el siglo VIII o VII a.C., hijo de un antiguo comerciante, el autor posiblemente vivió sus primeros años de manera holgada o por lo menos despreocupada en algunos sentidos. No obstante, al morir su padre, tuvo un fuerte conflicto con su hermano, Perses, por la repartición del testamento. Probablemente esta repartición no le fue favorable, ya que de este amargo trago surgirá Los Trabajos y Los Días, obra que proclama el trabajo duro y la justicia como elementos básicos de los hombres.

También gracias a su obra, se sabe que, contrario al espíritu marino del padre, Hesiodo sólo abandonó su patria en una ocasión, para participar en los juegos funebres de Calcis, donde, según la leyenda, venció a Homero en un Certamen de aedos. Alguno académicos creen que la victoria legendaria de Hesiodo, se debe en gran medida a su poesía sobre las labores pácificas del hombre, por encima del belicoso arte de Homero.

Según la creencia, contenida en la obra Certamen, Hesiodo murió en Énoe, justo después de su victoria sobre Homero, asesinado por los hermanos de una jóven a la que el poeta había seducido en este lugar. Sin embargo, debido a las grandes transformaciones que tuvo está obra a través de los siglos (Su forma final data de las épocas del emperador romano Adriano), es ampliamente discutida y para algunos obra del imaginario popular.

Víctor J. Martínez

domingo, 9 de septiembre de 2007

Los mitos griegos


Los mitos helénicos son increíbles, chispeantes y llenos de vida. Un sinfín de dioses se entrelazan en un interminable árbol de relaciones familiares, tan inconmensurable como las intrigas, traiciones e infidelidades que conforman las relaciones entre cada uno de ellos. Los mitos griegos han alimentado durante cientos de años, las mentes fértiles de pintores, escultores y dramaturgos, utilizaron tan grande fuente como inspiración para las sublimes obras que nos legaron. Grecia ha sido el gran abrevadero de las grandes mentes, todas encausaron este río de conocimientos, para ser la piedra angular del mundo occidental.