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jueves, 11 de junio de 2009

Los dioses Mayas

Los dioses de la religión clásica maya son representaciones artísticas de seres supernaturales con características estilizadas de animales y plantas, muchas veces antropomorfizadas.

Las fuentes disponibles nos dicen que los mayas concebían a los dioses como energías invisibles e intocables, manifestadas en diferentes fenómenos naturales, poderosos animales, en plantas comunes como el maíz o alucinógenas como los hongos. Incluso los héroes eran divinizados a su muerte.

Además de estos seres naturales, las figuras e imágenes creadas por los mayas, eran también una manifestación de los dioses. Estas, usualmente, actuaban durante los ritos sagrados, como encarnaciones de energías sagradas, y eran el conducto por el cual, el hombre entregaba sus ofrendas a los dioses.

Para los mayas, sus dioses eran "mortales", ya que estaban sujetos al ciclo de la vida y la muerte, tenían la necesidad de ser alimentados para poder sobrevivir. Esta idea prevalece en casi todo lo que nos ha llegado de los mayas; en sus mitos cosmogónicos, sus ritos y hasta en estelas donde, en inscripción jeroglífica, están registradas las fechas de nacimiento de algunos dioses.




Cada una de estas criaturas sobrenaturales tiene manifestaciones diversas y múltiples nombres, acorde con sus atributos, los cuales son temporales. Los mayas no se concebían, ni tampoco al universo en su conjunto, como seres estáticos, para ellos, todo estaba en constante movimiento, en constante cambio. Es por esto, que se ha encontrado a un mismo dios, en diferentes estadíos, a veces como un ser celestial y en otras como un ser terrenal, a veces bueno a veces malo, masculino y femenino, o con la capacidad de dar la vida o la muerte. Importante también, es su capacidad de multiplicación, un dios podía ser uno o muchos; dividirse en cuatro para estar en armonía con las cuatro direcciones del cosmos. Toda esta concepción, provocó una serie de variaciones en la representación de los dioses, que se acentúa según la región, lo que complica el estudio cosmogónico mucho más que en el caso de otras culturas. Sin embargo, las deidades pueden ser identificadas por algunos elementos simbólicos, los cuales son constantes en todas las regiones mayas e incluso en todos los periodos.



miércoles, 17 de septiembre de 2008

El mito griego de la creación (1)


Fragmento de Teogonía (Hesiodo)

(...) En primer lugar existió, realmente, el Caos. Luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de todos los inmortales que ocupan la cima del nevado Olímpo; [En lo más profundo de la tierra, de amplios caminos, el sombrío Tártaro], y Eros, el más bello entre los dioses inmortales, desatador de miembros, que en los pechos de todos los dioses y de todos los hombres su mente y prudente decisión somete.

Del Caos nacieron Érebo y la Negra Noche. De la Noche, a su vez, surgieron Éter y Hémera, a los que engendró como fruto de sus amores con Érebo.

Gea primeramente dio a luz al estrellado Urano, semejante a ella misma, para que la protegiera por todas partes, con el fín de ser así asiento seguro para los felices dioses. También alumbró a las grandes Montañas, agradables moradas de las Ninfas, que habitan los abruptos montes. Asimismo trajo a la luz al estéril mar, de impetuosas olas, el Ponto, sin el desable amor.
Después acostándose con Urano, engendró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, coronada de Oro, y a la amable Tetis. Después de éstos nació el más joven, el astuto Crono, el más temible de los hijos, y se llenó de odio hacia su vigoroso padre.




Por otra parte, dio a luz a los Cíclopes de orgulloso pecho, a Brontes, a Estéropes y a Arges, de violento ánimo, que le regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos eran semejantes a los dioses en lo demás [pero tenían un solo ojo enmedio de su frente]. La denominación "Cíclope" se debía a que, efectivamente, en su frente había un solo ojo circular. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus obras.

También de Gea y Urano nacieron otros tres hijos enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciarse: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien brazos informes salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente poderosa se albergaba en su enorme cuerpo.

Pues bien, cuantos nacieron de Gea y Urano, los hijos más terribles, estaban irritados con su padre desde siempre. Y cada vez que alguno de ellos estaba a punto de nacer, Urano los retenía a todos ocultos en el seno de Gea sin dejarles salir a la luz y gozaba cínicamente con su malvada acción.

La monstruosa Gea, a punto de reventar, se quejaba en su interior y urdió una cruel artimaña. Produciendo al punto un tipo brillante de acero, forjó una enrome hoz y luego le explicó el plan a sus hijo. Armada de valor dijo aflijida en su corazón:

"¡Hijos míos y de soberbio padre! si queréis seguir mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones."

Así habló y lógicamente un temor los dominó a todos y ninguno de ellos se atrevió a hablar. Mas el poderoso Cronos, de mente retorcida, armado de valor, al punto respondió con estas palabras a su prudente madre
:


"Madre yo podría, lo prometo, realizar dicha empresa, ya que no siento piedad por nuestro abominable padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones"

Así habló. La monstruosa Gea se alegró mucho en su corazón y le apostó secretamente en emboscada. Puso en sus manos una hoz de agudos dientes y disimuló perfectamente la trampa.

Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se echó sobre la tierra ansioso de amor y se extendió por todas partes. El hijo saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó a la ventura por detrás.

No en vano escaparon aquellos de su mano. Pues cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las poderosas Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, que sostienen en sus mano largas lanzas, y a las Ninfas que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto a los genitales, desde el preciso instante en que los cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente en el tempestuoso pnto, fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de lla nació una doncella.

Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se dirigió después a Chipre rodeada de corrientes. Salió del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados pies crecía la hierba en torno. Afrodita [...] la llaman los dioses y los hombres, porque nació en medio de la espuma...